2-1 Derrota en el Ramón Sánchez-Pizjuán
Llegados a este punto de la competición, y si las cosas van apuradas, se ven y escuchan llamadas a la épica, a la magia, a la superstición. Comunión con el equipo y el espíritu irreductible de no dejarse doblegar. Y con esa llama en el corazón se presentó el Espanyol en el Sánchez Pizjuán, ‘el manicomio’, como lo calificaron durante la semana tanto jugadores como el técnico local. En cualquier caso, síntoma inequívoco de que el partido de esta tarde era de los grandes, de los relevantes, de los que provocan taquicardias.
Ambientazo de gala pese al diluvio en las horas previas. Nervios desde el primer instante y sorpresa por el retraso acumulado al inicio porque el VAR no funcionaba. Un puñado después, todo solucionado y a jugar. El Sevilla salía a toda velocidad, como era de prever, pero el primer aviso lo dio Romero.
Los minutos fueron cayendo y por en medio Vargas reclamó un penalti por una caída en el área y Dmitrovic se empleó a fondo en una acción en la que parecía que había fuera de juego en el inicio. Sin embargo, la mejor ocasión de esos 45 minutos la protagonizó Edu Expósito con un chut desde fuera del área que hizo lucirse al meta local. Los minutos fueron discurriendo hasta el descanso con más incertidumbre que acierto y con la sensación de que los nervios atenazaban al corazón y a las piernas.
Tras el descanso esperaban otros 45 minutos de infarto. Luis García introdujo a Alexis y el chileno se aprovechó de una indecisión dentro del área para marcar y llevar la euforia a la grada. Duró unos segundos. Lo que tardó el VAR en determinar un claro fuera de juego. Y vuelta a empezar. Y ahí llegó el acierto de Dolan, en una jugada de fe colectiva, primero para conducir la pelota, también para golpear y provocar el rechace del meta y, en la continuación, volvió a disparar, esta vez, al fondo de la red. Inapelable. Quedaba una eternidad para seguir sufriendo y peleando por cada palmo de terreno. Nada estaba sentenciado. Al contrario, tocaba defender la exigua renta y aprovechar cualquier aproximación al área local.
Castrín que había tenido un remate claro unos minutos antes, no falló en la segunda ocasión, igualando el partido y dejando todo, otra vez, en tablas. El tramo final se convirtió en un intercambio de golpes constante, con ambos equipos buscando el triunfo hasta que Akor Adams aprovechó una acción en la frontal para marcar el 2-1 definitivo en pleno añadido.
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