Un siglo de la Saeta Rubia
Mientras el RCD Espanyol empataba ante la selección de la Zona Sur de Buenos Aires y seguía consolidando su prestigio en tierras argentinas, aquel mismo 4 de julio de 1926, a pocos kilómetros del estadio donde se disputaba el encuentro, nacía un niño llamado Alfredo Di Stéfano Laulhé.
Nadie podía imaginar entonces que aquel recién nacido acabaría convirtiéndose en una de las mayores leyendas de la historia del fútbol. Tampoco que, casi cuatro décadas después, vestiría la camiseta del RCD Espanyol para disputar los últimos capítulos de una carrera irrepetible.
Su llegada a Sarrià, en el verano de 1964, fue uno de los grandes golpes de efecto del fútbol español de la época. El gran impulsor de la operación fue Juan Vilà Reyes, vicepresidente del Club y responsable de la parcela deportiva, decidido a construir un Espanyol capaz de competir con los mejores.
Con 38 años y después de una salida poco amistosa del conjunto blanco, Di Stéfano todavía conservaba intacto gran parte de su prestigio internacional. Aunque su etapa como jugador blanquiazul coincidió con el ocaso de su carrera, la Saeta Rubia dejó momentos imborrables para el espanyolismo. Disputó 45 partidos oficiales y marcó 13 goles, liderando al equipo dentro y fuera del campo. Su último gran servicio al Club llegó en la Copa de Ferias de 1966. Frente al Sporting de Lisboa, el Espanyol parecía eliminado tras encajar un 0-3 en Sarrià, pero el argentino lideró una remontada histórica que acabó convirtiéndose en una de las noches europeas más recordadas de la entidad.
Al término de aquella temporada, Alfredo Di Stéfano colgó las botas y cedió el testigo a una nueva generación de futbolistas que marcaría una época en el Espanyol. El nacimiento de los Cinco Delfines (Amas, Re, Marcial, Rodilla y José María) abría un nuevo capítulo en la historia del Club.
Casualidades del destino, el mismo día en que el Espanyol seguía escribiendo su leyenda en América nacía, a pocos kilómetros de allí, el hombre que décadas después vestiría la camiseta blanquiazul para ofrecer al espanyolismo los últimos destellos de una de las carreras más extraordinarias que ha conocido el fútbol mundial.
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