Diario por América (1926-2026)
Capítulo 5. Nuevo asalto en Buenos Aires
4 de julio de 1926 - Buenos Aires, Argentina
Después de la victoria en el debut, el RCD Espanyol ya no era un desconocido en Buenos Aires. Durante los días posteriores al triunfo ante el combinado de la Zona Norte, la expectación crecía exponencialmente: la expedición recibía numerosos homenajes por parte de la colonia española y de las autoridades del fútbol argentino, y el Royal Hotel, donde se alojaba la expedición, era el epicentro donde muchos aficionados deseaban conocer a esos nuevos ídolos venidos de Barcelona.
El segundo examen llegaría el 4 de julio frente a una selección de la Zona Sur de Buenos Aires. El escenario también cambiaba. El encuentro se disputaría en el imponente Estadio Bransen y Del Crucero, propiedad de Boca Juniors, y con capacidad para unos 25.000 espectadores. Para este partido, expectación fue tan grande que, según el diario El Gráfico, “numerosos espectadores ocuparon incluso el interior del terreno de juego antes del inicio del encuentro, rodeando a los jugadores mientras saltaban al césped."
Paco Bru introdujo dos modificaciones respecto al once del debut. El madridista Félix Quesada sustituyó al lesionado Ricardo Saprissa en la defensa, mientras Rafael Oramas ocupó el puesto de Olariaga en la delantera. Así, la alineación sería la formada por Zamora; Urquizu, Quesada; Trabal, Esparza, Caicedo; Mauri, Cubells, Oramas, Padrón y Yurrita.
El inicio no pudo ser más complicado para los blanquiazules. Apenas transcurridos cinco minutos, un penalti cometido por Urquizu permitió a Felipe Cherro adelantar al combinado argentino. Sin embargo, los espanyolistas reaccionaron con personalidad. Padrón comenzó a dominar la banda izquierda y las ocasiones empezaron a sucederse sobre la portería defendida por Arzeni. El premio llegó mediada la primera mitad. Tras el lanzamiento de un saque de esquina ejecutado por Mauri, Eduardo Cubells aprovechó un rechace para establecer el empate con un disparo raso que devolvía la igualdad al marcador. Era el minuto 25.
La reacción argentina fue inmediata. Entre sus filas destacaba un joven Guillermo Stábile, que cuatro años más tarde se convertiría en el máximo goleador del primer Campeonato del Mundo, disputado en Uruguay. Sus incursiones obligaron a Zamora a multiplicarse bajo palos y a demostrar, una vez más, por qué era considerado el mejor guardameta del mundo.
La reanudación trajo un partido más táctico, de intensa lucha en el centro del campo pocas oportunidades de gol. A falta de cinco minutos, Stábile llegó a batir a Zamora, pero el colegiado anuló el tanto por fuera de juego. El empate ya no se movería.
El 1-1 confirmó que la victoria del debut no había sido una casualidad. La prensa argentina se rendía a hombres como Padrón, Yurrita o Esparza. Sin embargo, el reconocimiento seguía siendo parcial. Muchos analistas continuaban sosteniendo que las selecciones de la Zona Norte y de la Zona Sur no representaban el verdadero potencial del fútbol argentino. Las críticas provocaron una reacción de la Asociación Argentina de Football, que decidió organizar un tercer y definitivo examen.
El 9 de julio, coincidiendo con la festividad de la independencia argentina, el Espanyol se enfrentaría a una selección de Buenos Aires formada por algunos de los mejores futbolistas del país. La prueba definitiva estaba servida.
Galería