Diario por América (1926-2026)
Capítulo 7. Un baño de realidad en Rosario
12 de julio de 1926 - Rosario, Argentina
La expedición blanquiazul apenas tuvo tiempo para saborear el empate conseguido ante la selección de Buenos Aires. Nada más finalizar el encuentro del 9 de julio, los futbolistas emprendieron viaje en tren hacia Rosario, a casi 300 kilómetros de la capital argentina. Allí esperaba un nuevo compromiso que muchos consideraban un simple trámite antes de afrontar los dos grandes desafíos de la gira: Nacional y Peñarol, en Montevideo.
El encuentro se disputó en el campo de Newell's Old Boys, donde Paco Bru optó por introducir varias rotaciones para dosificar esfuerzos. Conrad Portas regresó al equipo en sustitución de Félix Quesada, Olariaga ocupó el lugar de Mauri y debutaron Colls y el madridista Jacinto Escobal, que todavía no habían tenido protagonismo en la gira. El once quedó formado por Ricardo Zamora; Urquizu, Portas; Trabal, Esparza, Colls; Escobal, Olariaga, Oramas, Padrón y Yurrita.
Los primeros minutos fueron prometedores para el Espanyol. El conjunto de Paco Bru dominó el balón y dejó destellos del fútbol que había maravillado en Buenos Aires. Sin embargo, con el paso de los minutos la Liga Rosarina comenzó a imponer su ritmo. Sus delanteros, rápidos y técnicamente brillantes, encontraron cada vez más espacios para superar a la defensa blanquiazul.
Dos goles casi consecutivos de Sosa y Miguel, en los minutos 37 y 39, dejaron muy cuesta arriba el partido antes del descanso. Pese al marcador adverso, Zamora volvió a ofrecer una lección de deportividad. Durante el intermedio atendió telefónicamente a La Nación para enviar un saludo a los aficionados rosarinos que seguían el partido desde las pizarras informativas instaladas en el centro de la ciudad, un gesto que fue recibido con una gran ovación.
En la segunda parte, la entrada de Patricio Caicedo dio un nuevo aire al equipo y permitió equilibrar el juego durante muchos minutos. Sin embargo, cuando el Espanyol buscaba reducir distancias, Miguel firmó el definitivo 3-0 que certificaba la primera derrota de la gira.
Lejos de buscar excusas, Ricardo Zamora realizó una valoración tan sincera como reveladora. El capitán reconoció que el Espanyol había presentado «el equipo más débil, precisamente ante el rival de mayor calidad», y añadió que «nada tengo que alegar respecto a nuestra derrota», elogiando además el arbitraje y la superioridad del conjunto rosarino. La noticia tardó horas en llegar a Barcelona. En el cierre de su edición, Mundo Deportivo únicamente había recibido un breve cable desde Argentina que informaba de que el Espanyol, «aun cuando incompleto, sufrió un serio tropiezo» al caer derrotado por 3-0 en Rosario.
La derrota cayó como un jarro de agua fría sobre la expedición, pero el fútbol apenas concedía tiempo para lamentaciones. El siguiente destino era Montevideo. Allí aguardaban Nacional y Peñarol, considerados los dos equipos más poderosos del continente. Si alguien pensaba que Rosario había sido el examen más difícil de la gira, estaba a punto de descubrir lo contrario.
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