2-2: Montaña rusa de emociones
El Espanyol remontó al Celta, pero acabó empatando en un partido vibrante
Las cosas del fútbol. Los nervios, la incertidumbre, la alegría contenida y la frustración de última hora. Todo eso caben en los ‘noventa y pico’ minutos de un partido que tuvo todos los ingredientes para dejar un punto de insatisfacción entre los locales y de alivio entre los visitantes.
En cualquier caso, como suele decir Manolo González, hubo muchos partidos dentro de un partido que comenzaba con un punto de distancia entre ambos equipos (y terminaba igual), pero en el que, la firme voluntad de ambos bloques, era pelear por la victoria. Más allá de los tres puntos, el botín del triunfo era el objetivo de ambos. En el caso local porque la victoria era el gran premio: consolidaba la sexta plaza, rompía una racha de resultados negativos y recolocaba al equipo en el camino de los triunfos. En el caso visitante, porque les permitía adelantar al Espanyol en la tabla, después de una primera vuelta de incertidumbre que ha podido arreglar con el impulso que han tomado en este 2026.
Visto lo visto, al Celta el plan de partido le salió de cara en la primera mitad. Agazapado atrás, sin riesgos, arropándose entre todos, sólo esperaban encontrar el camino libre de obstáculos para firmar contragolpes claros. Y así llegó el gol de Jutglà: en tres toques. De nada sirvió, durante toda la primera parte, el dominio local, la posesión, el acercarse con insistencia a la meta gallega. Radu resolvió todas las ocasiones que crearon los blanquiazules impidiendo que se adelantaran en el marcador. A los celestes, sólo les tocaba esperar su momento, tal y como han hecho en sus mejores resultados. Y lo encontraron con Jutglà y la sensación de que ya tenían el trabajo casi hecho.
Como era de prever, Manolo González ‘sacudió’ el banquillo y comenzó con los cambios. De esa decisión nació el empate de Kike García, pura obstinación. La peleó con insistencia y superó al meta visitante con un chut que se coló al lado de la escuadra. El empate le dio aliento a los blanquiazules y el VAR, esta vez, apurando al milímetro le dio más oxígeno al anular un gol de Borja Iglesias que hubiera puesto al Celta por delante. Aún quedaban cosas por contar, como, por ejemplo, que Dolan aprovechó una excelente cesión de Terrats para poner por delante a los blanquiazules a poco del final. Pero quedaba el añadido. Y allí, otra vez con suspense, Borja Iglesias, esta vez vio como su remate subía al marcador. Quedaban los minutos del empujón final en el que el partido se rompió del todo con dos equipos volcados, pero no pudieron evitar el reparto de puntos.
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