1-1: Empate agridulce
El Espanyol se adelanta en el Ciutat de València pero no puede impedir la reacción inmediata del Levante
Dice siempre Manolo González, en un ejercicio de puro pragmatismo, que los partidos se ganan o se pierden en las dos áreas, lo que traducido viene ser que se necesita eficacia y acierto tanto en defensa como en ataque. De libro. Porque el atasco blanquiazul de los primeros minutos – aún queda por saber si hubo penalti a Dolan en el minuto 3 porque siguen las dudas- permitió que el Levante UD se acercara con peligro a la meta de Dmitrović. Pero luego, cuando se sacudió esa incertidumbre, tuvo las mejores oportunidades justo antes del descanso. Sin embargo, ni Romero, ni Edu Expósito acertaron a rematar un par de ocasiones suficientemente claras para poner a los blanquiazules por delante en el marcador. Por tanto: empate, tablas y la sensación de que sólo se necesitaba acelerar un poco el ritmo del partido para que los blanquiazules se sintieran mucho más cómodos.
Y eso fue lo que sucedió: el Espanyol dio ese paso adelante de inicio y pronto encontró premio. Romero recogió la pelota dentro del área y la colocó por alto, lejos del alcance del meta local. El 0-1 fue un golazo de magnífica ejecución. Pero cuando el equipo estaba aún recomponiéndose y leyendo la situación de partido, llegó el empate de Iker Losada. Un mazazo que dejaba otra vez el partido en tablas y toda la incertidumbre por delante con más de media hora de juego.
El empate calentó el ánimo local que pensó en la remontada. El partido cobraba un punto táctico porque el empate no satisfacía a ninguno, pero tampoco nadie quería perder. Lo doloroso, sin embargo, fue ver a Puado retorciéndose en el campo tras una caída y abandonando el terreno de juego de inmediato, apenas unos minutos después de haber entrado de refresco. La incertidumbre por su estado sentó como una losa anímica. Toca esperar a ver su evolución. Esa acción ensombreció el tramo final, pero, pese a todo, Roberto aún tuvo una en el descuesto. Total: reparto de puntos que dejó insatisfechos a todos los blanquiazules. Pareció poco botín y ese es siempre un buen síntoma de la ambición del grupo.
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