0-2: Demasiado castigo
Un brillante Espanyol planta cara y firma las mejores ocasiones, pero acaba derrotado con dos goles en los últimos minutos
Era el derbi de la ilusión y de los alicientes en el recién estrenado 2026. Era el derbi en el que, por fin, los dos equipos llegaban más próximos en la clasificación en años y después de espectaculares rachas de victorias consecutivas en las últimas semanas. Era el derbi del orgullo perico, por encima de todo, y del ‘a ver si…” en el conjunto azulgrana. Era un derbi como los de antes, según explican siempre los veteranos de edad y localidad: un partido con calor y pasión en una grada llena, entregada y decidida a buscar de una vez, en la Liga, la primera victoria local ante el histórico rival ciudadano. Era el derbi de los mil matices y de las 36.283 historias, una por cada perico que ocupó su localidad con el ánimo de ver a un resucitado Espanyol en esta temporada tan ilusionante desde la primera jornada. Y era, también, el derbi del regreso de Joan García a la que fue su casa, en uno de esos días que seguro que él tenía marcado en el calendario y que había preparado mentalmente para afrontarlo con seguridad.
Todo eso fue este derbi y aún muchas cosas más. Como por ejemplo, que, pese a la derrota, tanto el equipo como la grada acabaron sintiéndose orgullosos del esfuerzo colectivo y de una ilusión que aguantó intacta durante 85 minutos.
En cualquier caso, los dos equipos se mostraron fieles a su identidad. Aguerrido y peleón el Espanyol y fiable el conjunto visitante. Los blanquiazules, como había anunciado Manolo González, se esforzaron en cerrar huecos en su área y en darlo todo en ataque vaciándose en cada carrera, en cada aproximación a la meta azulgrana.
Salió más decidido el Espanyol y poco a poco se fue acercando a la meta visitante, obligando a toda la defensa a multiplicarse para frenar las acometidas locales. Enfrente, Dmitrović, oficiaba su experiencia para atajar lo poco que le fue llegando.
Las dos grandes ocasiones de la primera mitad tuvieron a Roberto y Pere Milla como los rematadores que volvieron a probar el talento de su excompañero. En la primera el meta aguantó hasta el final para detener el mano a mano con el andaluz y en la segunda, mostró sus reflejos para sacar una mano increíble a un remate del de Lleida que se colaba junto al larguero.
El 0-0 del descanso evidenciaba el buen trabajo local. Con 45 minutos por delante, aún había esperanzas de tener más acierto en los metros finales. Como repite Manolo González, los partidos se deciden en las dos áreas, así que tocaba seguir insistiendo. Después de la primera intervención clara de Dmitrović, llegaron las siguientes oportunidades blanquiazules, pero todas acabaron desbaratadas por Joan García. Roberto encontró en su excompañero un muro y, cuando pudo superarlo con una pelota por alto, Koundé salvó el remate casi sobre la línea de gol.
Estaba bien el Espanyol tal y como iban pasando los minutos, pero, poco a poco, le llegó el trabajo a Dmitrović que, todo intuición, impidió un remate a bocajarro de Eric García a menos de un metro de su cuerpo en una pelota muerta en el área pequeña.
Cuando el partido languidecía, Olmo la colocó en la escuadra y heló el ánimo blanquiazul. Fue un mazazo. Y aún llegó otro más, cuando el equipo, totalmente herido anímicamente, no pudo evitar una contra que culminó Lewandovski. El 0-2 final fue demasiado castigo, sólo aliviado por el ánimo de la grada que despidió a un equipo agotado al grito de “orgullosos de ser pericos”.
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